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May 19 NOTICIAA
November 01 CONCURSO NACIONAL DEL HIMNO A LAS RONDAS CAMPESINAS Y NATIVAS DEL PERUCONCURSO NACIONAL DEL HIMNO A LAS RONDAS CAMPESINAS Y NATIVAS DEL PERU
BASES
I.- ANTECEDENTES.- La historia de la Ronda Campesina que CELEBRA XXXI AÑOS DE FUNDACION para el acontecer de nuestra historia en Chota ,un hecho trascendental de nuestra época marca el origen y la fuerza de nuestros aguerridos y bravos hermanos campesinos que con sus oportunos esfuerzos nos liberaron de tan peligrosos asaltantes y gente de mal vivir. La fortaleza que tenemos es, la gente, verdaderos y orgullosos hombres vestido de poncho, sombrero y machete que conservan tan grata ,cultivan aun esta tradición y nos dan un ejemplo noble a seguir. HISTORIA E ORGANIZACION La vida ha demostrado que para vencer al invasores el pueblo Peruano empleo múltiples formas de lucha, de organización, desde los mitos y leyenda hasta se armaron las masas revolucionarias .Esta cultura liberadora cuyas raíces se mantienen explica como masas campesinas de cuyumalca un 29 de diciembre del 1976 se organizaron en grupos para buscar de casa en casa el robo producido en el C.E. Primario Nº 76 en la actualidad 10386 de Cuyumalca en esta búsqueda participaron los campesinos ,profesores, autoridades, la policía, hecho que concluyo recuperar las perdidas después de un arduo rebusque nuevamente se volvieron a reencontrar las masa campesinas, autoridades, profesores y policía del seno delas masas se decide una estrategia y hagamos ronda ! Por las noches. Consistía en agrupar a los campesinos ¿Quién quiere ser el primer grupo de ronda? Muchos campesinos levantaron la mano pero de ellos son diez los valerosos y auténticos ronderos fundadores del inicio de turno de ronda ,los diez primeros ronderos que con la sabiduría de las masas apostaron por cambiar de vida y los valores de cuyumalca para erradicar el robo fueron
LOS MANDAMIENTOS DE LAS RONDAS CAMPESINAS 1.-Continuar la obra liberadora d e Cristo ,Túpac Amaru y José Carlos Mariátegui para hacer de nuestra patria una república nueva donde el pueblo se autogobierno con democracia progreso y justicia social demostrando bien común 2.-Toda confianza y apoyo en las rondas campesinas nativas y urbanos y en el pueblo 3.-La justicia es un derecho se conquista con la acción organizada del pueblo 4.-Los campesinos unidos haremos mucho aliados con la población urbana conquistaremos todo 5.-Amar al campesinado y al pueblo más que a nosotros mismo y trabajar por ellos sin esperar recompensas 6.- Los ronderos somos los primeros en la lucha, los últimos en el beneficio y predicamos con el ejemplo 7.-Jamas fallar a la palabra empeñada y devolver todo lo prestado 8.- ser leal sincero y horado 9.- Hacer todo con las masas, nada sin ellas; afirmar la igualdad de derechos entre hombres y la mujer 10.- Todo rondero se somete a los acuerdos de la ronda, la minoría a las mayorías los organismos inferiores a los superiores y toda la organización a los acuerdos congresales y entre el congreso y congreso a la junta directiva de la federación regional
*ESTA RESEÑA DE LAS RONDAS ESCRITA POR SEGUNDO BELIZARIO IGROGO-TEMA HISTORIA,ORGANIZACIÓN Y PERSPECIVAS DE LAS RONDAS CAMPESINAS
II.-FINALIDAD Buscar el fortalecimiento de las rondas campesinas manteniendo su autonomía e independencia y promoviendo su identidad y crecimiento orgánico del país III.- OBJETIVOS
IV.- BASES LEGALES
V.- DE LA COMISION El presente concurso de la creación de la letra y la música del Himno Nacional de las Rondas Campesinas Y Nativas del Perú es organizado : Instituto Nacional de Cultura Chota Coordinadora Provincial Mónica Imaña Tamay Federación Provincial Rondas Campesinas Presidente: William Sánchez Idrogo Instituto de Investigación académica presidente; Segundo Belizario Heredia Idrogo Comité de asesoramiento y elaboración de las presentes bases ; Rosa Uriarte Tantaleàn, Esteban López Rubio, Víctor A. Portilla Gallardo. VI.- DE LOS PARTICIPANTES.- Podrán participar como compositores todos los ciudadanos peruanos desde los 18 años de edad VII.- DEL TEMA.
VIII.- DE LA PRESENTACION DE LAS COMPOSICIONES Las composiciones se recibirán desde el 01 de noviembre hasta el 20 de diciembre del 2007,en las siguientes direcciones : Jr. Inca Garcilaso de la Vega Nº 219 federación Provincial de Rondas Campesinas Teléfono: 076- 9940404 - 076 -9914263 ,Instituto Nacional de Cultura Chota oficina Jr. Santa Rosa Nº 361 telefono:076-9997612 RMP #22071664 email: moniit@hotmail.com IX.-ETAPAS Del CONCURSO
X.- DE LA CALIFICACION Se hará a través del sistema vigesimal teniendo en cuenta los criterios originalidad, mensaje, interpretación de la realidad, dominio de la gramática y el verso XI.- DEL JURADO CALIFICADOR Estará integrado por 02 poetas reconocidos ,2 músicos de amplia trayectoria y un maestro de expresión artística XII.- DE LOS PREMIOS
Primer premio s. / 5000 y reconocimiento Segundo premio s. / 2000 y reconocimiento Tercer premio s. / 1000 y reconocimiento
XIII.- DISCPOCIOCION FINAL
Chota 01 noviembre del 2007
Atentamente:
MONICA IMAÑA TAMAY INC -CHOTA January 28 GLOBALIZACION E IDENTIDAD CULTURALGlobalización, desarrollo sustentable e identidad cultural
Francisco Javier Velasco Páez. CENDES-UCV INTRODUCCIÓN La consolidación de una tendencia histórica que hace viable la creciente articulación intercultural de todas las sociedades humanas consideradas a distintas escalas, constituye un potencial de enriquecimiento asombroso de la experiencia humana en medio de la diversidad. Desafortunadamente, esta potencialidad se ve enfrentada por la globalización neoliberal que supone un proyecto explícito de imposición hegemónica, en base a una economía cada vez más excluyente de las mayorías y minorías inasimilables al modelo dominante, el pensamiento único, el reduccionismo y la homogeneización cultural. En este contexto, los problemas ambientales han pasado a ocupar un lugar innegable en la agenda de prioridades internacionales. Pero para su abordaje, se apela a la racionalidad pretendidamente ecológica del desarrollo sustentable, noción bajo la cual subyace un campo complejo de confusión intelectual, disputas ideológicas y conflictos de interés. Mayormente el discurso de la sustentabilidad deriva sus proposiciones y sus acciones hacia la provisión de estrategias de perpetuación de los poderes establecidos. Igualmente, haciendo del productivismo y la eficiencia en el manejo de los recursos naturales un dogma, promueve un ambientalismo tecnocrático que ignora toda referencia a la ética, las relaciones de poder y las identidades culturales. Ante las consecuencias de empobrecimiento cultural que se derivan de la difusión global de estos esquemas, igualmente degradantes del patrimonio natural, es urgente repensar la noción de identidad desde una perspectiva dinámica y de pluralismo cultural en correspondencia fecunda con los marcos ecosistémicos inherente a la culturalidad. I LA GLOBALIZACIÓN EN CUESTIÓN El fenómeno de la globalización ha sido analizado e interpretado a partir de variadas y encontradas interpretaciones. Determinados autores identifican en este espectro posturas ante el fenómeno globalistas y optimistas y otras detractoras y pesimistas (Beck, 1998) (Leis, 1995). Hay incluso quienes sostienen la idea de la pluralidad de las globalizaciones (De Sousa, 2001). Es indudable que en el mundo contemporáneo operan tendencias planetarias fuertemente orientadas hacia una determinada unificación del mundo cuya fuerza es mucho más intensa de las que se han conocido en el pasado. Somos testigos de una progresiva conjunción intercultural a través del cual se están articulando todas las sociedades y los múltiples niveles de actividad humana están conformando un sistema interdependiente que combina y recombina espacios y temporalidades. No obstante, la apología dogmática del tipo de globalización difundida por el neoliberalismo ha llevado a sus exponentes a sostener la tesis de la inevitabilidad de una globalidad homogénea, uniformadora, promovida por un puñado de Estados y corporaciones multinacionales. Estamos hablando de una globalización impulsada por la expansión del mercado internacional que no integra sino que fragmenta, que genera desigualdades extremas y deterioro ambiental acelerado y que promueve una erosión y de las identidades. En este esquema el término globalización es fundamentalmente un eufemismo que denomina a un imperativo comercial de la expansión planetaria de las multinacionales que tiene lugar en un marco de controles reguladores evanescentes. Cabe aquí distinguir entre lo que significa, por un lado, un proyecto hegemónico que busca imponer la masificación, un orden económico excluyente de inmensos contingentes humanos, un pensamiento único y una uniformidad cultural que tiene por modelo a la versión más caricatural y reducida de la cultura de masas norteamericana; y por otro lado la articulación real o potencial que de manera creciente configura órdenes de interconexión entre identidades societarias de distintas dimensiones. II GLOBALIZACIÓN Y CRISIS ECOLÓGICA: EL SURGIMIENTO DEL DESARROLLO SUSTENTABLE La globalización y sus dilemas constituyen un aspecto fundamental del mundo contemporáneo. La globalización designa a un tiempo de mercados globales y calentamiento global, con una brutal y creciente división entre los ricos y los pobres y con una progresiva difusión de la preocupación ambiental. La amplitud de la crisis ecológica y su creciente reconocimiento mundial luego de la llamada "Cumbre de la Tierra", realizada en Río de Janeiro en 1992, han puesto sobre la escena mundial la posibilidad de percepción de un destino común, signado por amenazas que no reconocen fronteras ni nacionalidades. Para algunos vivimos una comunidad de destino (Boff, 1994): el destino de la especie humana está asociado estrechamente al destino de la biosfera. El alcance de los peligros que acechan a la vida humana en el planeta es revelado de manera minuciosa por informes, diagnósticos, prospecciones, estadísticas y escenarios que tienen como base un sofisticado despliegue tecnológico de detección y evaluación de desequilibrios. La sorprendente precisión de los modelos climáticos aumenta rápidamente poniendo en evidencia patrones de deterioro ambiental en todo el ámbito planetario. Las percepciones de ciertos riesgos ambientales se globalizan; fenómenos como el calentamiento global (efecto invernadero), el deterioro de la capa de ozono, la reducción de la biodiversidad convergen en una atmósfera aparentemente favorable a la conformación de una "conciencia común cosmopolita" (Beck, 1998: 66) ante los peligros globales. Con el despliegue de la preocupación ambiental global la imagen de la "astronave Tierra" parece más popular que nunca. Ciertamente ésta es una imagen muy difundida y en buena parte plasmada en el imaginario de grupos que muestran interés y preocupación por la situación del ambiente. Se trata de una idea asociada a las nociones de supervivencia y seguridad del globo que dependen de los cambios que han inducido en la gente la percepción de que todos los humanos estamos en una gran nave espacial. Y la difusión de ésta imagen ha propagado simultáneamente la idea de que en toda astronave}, como ocurre con los autobuses, aviones, barcos y trenes, la mayoría de las personas son meramente pasajeros cuyo destino y seguridad descansa en las manos de una élite (expertos, hombres y mujeres de ciencia, tecnócratas); este último aspecto había ya había sido advertido por Hans Magnus Enzerberger a finales de los años ochenta (Enzensberger, 1988). Además, siendo que el propósito fundamental de un grupo de personas que están abordo de una nave espacial es el de sobrevivir, la calidad de una vida culturalmente significativa pasa a un segundo lugar como objetivo Agreguemos la consideración de que, dadas las limitaciones y condiciones de una nave espacial (incluso la de un artefacto sofisticado como los que podemos observar en ciertas películas de ciencia-ficción), la metáfora de ambiente y naturaleza asociada a la nave refiere a un ámbito simplificado y uniforme refractario a la posibilidad de diversidad natural y cultural. Esta focalización en los problemas globales ha generado imágenes distorsionadas de los problemas ambientales regionales y locales, presentándolos como problemas de interés global que afectan a un patrimonio común de la humanidad y, en consecuencia, deben ser abordados y manejados globalmente (Gudynas,1993). La distorsión permite omitir el hecho de que el ambiente es primaria y eminentemente local, que la Naturaleza se diversifica creando nichos, entrelazando lo local en su propia red. De la misma forma se ignora que las intervenciones y adaptaciones humanas permanentes en esos ámbitos son también fundamentalmente locales e incluyen instituciones, prácticas sociales, formas organizativas y universos simbólicos diversos. En este contexto ha surgido un discurso identificado con un globalismo ambiental cuya expresión más difundida se resume en la fórmula del desarrollo sustentable Si a comienzos de los años setenta del siglo pasado, ante la amenaza percibida en un crecimiento desmesurado de la población, la avidez de recursos y la inadecuación ambiental de la tecnología, el objetivo de salvar al mundo se pretendía alcanzar a través de una fórmula simple, drástica y radical : la imposición de límites al crecimiento (Behrens, 1973); a mediados de los ochenta la idea de sustentabilidad fundamentada en una buena gestión de los recursos naturales y una economía "respetuosa de la biosfera" surgió como una opción atrayente, menos traumática. No obstante, a pesar de su amplia aceptación y recurrente uso el lema del desarrollo sustentable muestra signos de desgaste. Popularizado por el "Informe Bruntdland" (CMAD, 1987) y legitimado en la Cumbre de la Tierra, el desarrollo sustentable fue definido como un proceso de cambio en el cual la explotación de los recursos naturales, la dirección de las inversiones, la orientación del desarrollo tecnológico y el cambio institucional se encuentran todos en armonía, permitiendo así incrementar el potencial presente y futuro necesario para la satisfacción de las necesidades y aspiraciones humanas. Esto supone la adopción de ajustes dinámicos en relación a factores institucionales (tales como el estado, la comunidad y el mercado), factores económicos (que incluyen las inversiones) y factores científico tecnológicos, pero por sobre todo la definición plantea una distinción entre necesidades y aspiraciones. Dichas necesidades son referidas al contexto de la pobreza en el mundo y las aspiraciones a los patrones de vida básicos. Igualmente se establece como elemento normativo la idea de garantizar la satisfacción de las necesidades de las generaciones presentes y futuras. El proceso de cambios que se deriva de esta idea incluye a los ecosistemas, la demografía y las estructuras políticas y asume una perspectiva planetaria para preservar la sustentabilidad de los ecosistemas sobre los cuales descansa la economía global, procurando garantizar también la sustentabilidad de los ecosistemas. Visto así el concepto de sustentabilidad se presenta como una formulación imprecisa que no establece distinciones entre las diferentes necesidades humanas culturalmente determinadas, ni entre aquellas de los países altamente industrializados del "centro" del sistema económico mundial y los países pobres de la "periferia"; ni tampoco entre las necesidades humanas y los deseos de los consumidores en relación a la satisfacción de aquello lo cual se orienta la mayor parte del consumo en el "centro" (consumo que, obviamente, también tiene una determinación cultural). Otro tanto puede decirse en relación a la falta de distinción entre las necesidades de las generaciones actuales y las de las generaciones futuras cuyos patrones culturales tampoco tienen que ser los mismos. Por último, si el término sustentable significa hacer que las cosas duren más tiempo, que sean más permanentes y durables, cabe preguntarse ¿qué es lo que se quiere sustentar o hacer perdurar? En la recurrencia al desarrollo sustentable como modelo para poner en práctica medidas efectivas para resolver los cada vez más graves problemas ambientales subyace un campo de confusión conceptual, enfrentamiento entre variados intereses y disputas ideológicas. En este marco, la ideología globalista ha hecho suya la preocupación ambiental proponiendo la fórmula de la sustentabilidad como base para una gestión ambiental global que en el fondo lo que busca es la provisión de estrategias de supervivencia al capitalismo (Velasco, 1966). Al término de globalización se adosan ahora nociones de "seguridad ecológica global", "geoecología", etc. (Athanasiou, 1998: 49). El planeta está siendo remodelado por el cálculo del intercambio comercial y la globalización de los mercados en un frenesí que ignora el contexto y las consecuencias socioculturales y socioambientales del proyecto globalizador neoliberal. En América Latina la expansión de la lógica mercantil ha generado profundas perturbaciones socioeconómicas, culturales, políticas y ecológicas. La perspectiva neoliberal que asume al mercado como el escenario social ideal, en su afán de desregulación e ignorancia de los fines colectivos, ha promovido una gestión ambiental basada en la privatización de los recursos naturales "…otorgando derechos de propiedad y patentes sobre variedades de plantas y animales, y transfiriendo la gestión ambiental a organismos por fuera del Estado y el control social" (Gudynas, 2000). Esta gestión ambiental, al privatizar bienes y recursos naturales comunes, reduce la Naturaleza a capital natural y convierte a la conservación en mero negocio o inversión financiera cuyo propósito no es la preservación de ecosistemas, especies o procesos ambientales sino la rentabilidad y la ganancia económica. La gestión globalista del ambiente se acompaña de consignas según las cuales debemos "pensar globalmente y actuar localmente" y de llamados hechos por los planificadores ambientales para que la gente se incorpore a una "visión compartida del futuro deseado". Igualmente incorpora una economía ambiental basada en la reducción de los valores y visiones de la Naturaleza a precios y en la concepción del conflicto sociambiental como algo que puede ser resuelto mediante el consentimiento tácito del uso de la negociación mercantil. El globalismo verde caracteriza a los seres humanos y a la Naturaleza en su conjunto, no por el papel que desempeñan en comunidades o culturas más o menos discretas o autónomas, sino por el lugar que ocupan en sistemas universales y absolutos. Esta visión de lo humano y lo natural responde a una constante del llamado pensamiento occidental en el sentido de tratar de reducir los fenómenos a un patrón único de validez universal; es una constante que fundamenta también el concepto de desarrollo. En última instancia, la obsesión de encontrar un criterio universalmente aceptado que sirve para delimitar la respuesta consensual y uniforme a todas las preguntas ha servido históricamente para justificar el colonialismo, la expropiación y el control de sociedades, culturas y patrimonios naturales. Siguiendo esta misma lógica, al clamar por un desarrollo sustentable que implica una reorganización de las actividades económicas y tecnológicas para hacerlas "compatibles" con la "armonía ecológica" y facilitar su emulación universal, se refuerza el dominio y desmembramiento de totalidades sociales y ecológicas; bosques, sabanas, tierras de cultivo, ríos, lagos y ciénagas o los fragmentos de ellos que aún perduran, son aislados de los tejidos locales de subsistencia y convertidos en substratos para el productivismo y el comercio internacional sin límites. De igual manera, se fragmentan y empobrecen los universos sociales asociados a estos sistemas naturales de los cuales millones de seres humanos derivan sustento, conocimientos tradicionales y significaciones de identificación individual y colectiva; se intensifica el ya avanzado proceso de homogeneización cultural y la precariedad de las bases de supervivencia ecológica y cultural. En resumen, el globalismo ecológico que pregona la sustentabilidad y asume la política ambiental desde una óptica estrictamente gerencial, hace del productivismo y la eficiencia en el manejo de los recursos naturales un dogma, promoviendo un ambientalismo tecnocrático que ignora toda referencia a la ética, las relaciones de poder y las identidades culturales. III IDENTIDAD CULTURAL Y GLOBALISMO AMBIENTAL Las consecuencias culturales que se derivan de la difusión de esquemas económicos que hacen de la eficiencia en la gestión del ambiente un artículo de fe nos plantean la necesidad de considerar el tema de la identidad cultural en el marco de la discusión sobre el desarrollo sustentable. En este sentido es conveniente destacar que el estudio integral de las identidades culturales ha representado una tarea ardua y escabrosa para quienes han intentado abordar la temática (Mato, 1993). Hace apenas algunas décadas la fuerte presencia de la matriz positivista en el seno de las ciencias sociales inhibía los esfuerzos sistemáticos por definir y estudiar la identidad cultural. Así pues el tema tendía a ser considerado como algo relativo a la ideología (entendida de manera simple y peyorativa), al mundo de las fantasías y las representaciones nebulosas (Mosonyi, 1995). No obstante, en la actualidad variadas aproximaciones han contribuido a la comprensión del significado de la identidad. Sin entrar en un análisis exhaustivo del tema es conveniente pues que esbocemos una noción de identidad cultural. A tales efectos comenzaremos por establecer que la identidad cultural implica una construcción y no un legado pasivamente heredado (Mato, 1993: 220-221). La tarea de construcción de la identidad cultural es fundamentalmente un proceso permanente y en buena medida inconsciente, realizado por universos sociales que involucran a diversos actores y fuerzas sociales, a veces en términos conflictivos, capaces de imponer categorías ideológicas sobre una población, cuyo producto se constituye con la superposición de innumerables dimensiones. Este proceso no es único e individualizado pero su conformación involucra identidades individuales y concepciones de identidad grupal que conforman uno o más procesos de identificación social (Velásquez, 1993: 88). La identidad cultural, definida en cualquier esfera (nacional, regional, local, étnica, etc.) constituye un principio de organización interna que imprime unidad, coherencia y continuidad; una pluralidad de identidades, cada una con igual validez y en un proceso constante de elaboración creadora; una suerte de rotulación transcategorial, una cobertura simbólica que abarca, no sin dejar residuos, un agrupamiento humano reductible a la unidad en cuanto colectivo, sobre la base de una o varias características pertinentes, normalmente heterogéneas unas respecto de otras (Mosonyi,1995:9). Ahora bien, definiendo la identidad cultural como lo hemos hecho en términos de construcción permanente, fluida y cambiante, queremos precisar que dicha construcción tiene lugar a lo largo de un espectro que se extiende desde la identidad que deriva de profundas raíces histórico-culturales hasta la formalización reciente de nuevas identidades con alto contenido político, situacional y coyuntural (Mosonyi, 1995:10). Hay pues toda una gradación entre cuyos extremos interactúan las fuerzas de la espontaneidad y la inducción, algunas de ellas heredadas pero sin obedecer a predisposiciones genéticas, en una dinámica de reafirmación permanente en el grupo social a través de la ideología (Mosonyi, 1995). Históricamente, la identidad cultural ha jugado un papel fundamental en la movilización de grupos étnicos, sectores populares, estados nacionales, entre otros, asignando un sentido y una fortaleza a procesos de transformación social y política y determinando el rumbo y la dinámica de las relaciones internacionales (Mato, 1993: 222). Resulta de capital importancia tener en cuenta este rol a la hora de vincular la identidad cultural con los temas de la globalización y el desarrollo sustentable. Asumiendo como ya lo hemos hecho en la sección I que las tendencias globalizantes en el mundo actual constituyen un hecho que no se puede negar, nos interesa poner de relieve bajo una óptica crítica algunos de sus efectos en las identidades culturales. Para ello comenzamos señalando que el reconocimiento de movimientos y directrices hacia la unificación no implica la aceptación de la globalización homogeneizante y simplificadora impulsada por el neoliberalismo, la cual es emisaria de un canon cultural mediocre y envilecido. Más aún, es preciso señalar que la globalización neoliberal guarda muy poca relación con la mundialización real o potencial de determinados fenómenos culturales. En este caso, la difusión planetaria de determinadas prácticas, lenguas, costumbres culinarias, representaciones simbólicas, etc. no necesariamente tiene que ver con políticas culturales globales del poder transnacional, sino con la existencia fáctica de países, sociedades y culturas cuyo sola expansión demográfica y consolidación histórica representan una fuente de resistencia al pensamiento único y la cultura de clichés del proyecto neoliberal. No obstante, es innegable que la globalización portadora de íconos, signos y símbolos del poder económico transnacional pretende imponer una homogeneización sobre la pléyade de identidades culturales existentes en el planeta, reprimiendo el disenso, la alteridad y la diversidad en el plano del pensamiento y la cultura (Amin, 2001) (Duclos, 2001) (García, 1999) (Mosonyi, 1995) (Ramonet, 2001). Esta acción compulsiva del poder transnacional afecta negativamente al universo de las culturas en general, pero resulta particularmente destructiva en el caso de las minorías y las formaciones socioculturales de proporciones intermedias; con ella se justifica y profundiza la prédica según la cual la cultura transnacional ya contiene todas las cosas que necesitan los otros y que esos otros (léase también identidades culturales) no son sino versiones inferiores, atrasadas o infantiles de aquella. A esto se combina el pregón del estilo de vida de la "sustentabilidad global", que en la creencia de su propia universalidad como fórmula para garantizar la perpetuación y crecimiento de un capital natural, constituye una base para la operación de fuerzas que desconocen los límites culturales del más mínimo respeto por los seres y cosas de la Naturaleza, incluidos los seres humanos. Sin embargo, desde el punto de vista de las identidades culturales hay todavía un amplio margen de maniobra ante la globalización del poder transnacional. IV DIVERSIDAD NATURAL Y CULTURAL EN AMÉRICA LATINA: FUNDAMENTOS PARA UNA RESPUESTA A LA GLOBALIZACIÓN En América Latina, se está conformando una especie de diversidad cultural articulada en la cual participan componentes tradicionales e innovadores, asociada a una enorme biodiversidad y a ecosistermas no sólo variados sino únicos. El reconocimiento y la liberación creativa de esa dinámica de pluralidades nos puede permitir avanzar en la construcción de nuevos escenarios planetarios distintos a la globalización compulsiva. La vocación pluricultural y pluriétnica de nuestro continente constituye un basamento para impulsar un proceso de transformaciones colectivas que incluyen las representaciones sociales relativas a la identidad cultural en un esfuerzo de acercamiento a modos de vida, realidades sociales y ecológicas cualitativamente superiores a las actuales. La combinación fecunda de la diversidad sociocultural y la diversidad natural, entendidas como componentes medulares del pasado, el presente y la génesis de un futuro universo más habitable y proclive a las potencialidades de los humanos y todas las manifestaciones de vida, puede servir de punto de partida para una agenda política de enfrentamiento al globalismo. El reconocimiento de originalidades que promueven otras originalidades (Rodríguez, s/f) es susceptible de constituirse en principio de validación de culturalidades específicas que sirven de alternativa a los patrones pretendidamente universales de la globalización. En este sentido, para nuestro continente resulta de capital importancia la definición de las etnicidades particulares como resultantes de matrices etnoambientales americanas que, por su índole primaria se reorganizan de manera contrastante, creativa, no conflictiva, con aportes culturales y bióticos exógenos (Rodríguez, s/f: 27). Esta posibilidad de lo identitario en América Latina, sus naciones y regiones, debe complementarse con la inscripción de la culturalidad en marcos ecosistémicos inherentes que expresan innumerables orígenes (pre-etnicidades) e incontables consecuencias (etnicidades) (Rodríguez, s/f: 27). Esta consideración se apoya en la idea de que cada ecosistema segrega una específica cultura (una matriz cognoscitiva o mitopoyesis propiciadora de coherencia social y ecológica), un cuerpo de metáfora (pensamiento analógico) proveniente de ese ecosistema y estructurado en función del mismo (Rodríguez, 2000: 6), que constituyen sistemas complejos y coherentes capaces de nuclear nuevos componentes y generar nuevos procesos ecosistémicos y étnicos. Sobre esta base entendemos que la Naturaleza "pura" es una ficción y que históricamente los universos humanos y naturales han conformado un todo articulado por una variedad de funciones y relaciones que caracterizan etnicidades ecológicas (Parajuli, 1998). Lo que el sentido artificial de la globalización neoliberal intenta subsumir es una realidad que no admite sustitutos, refractaria a la uniformidad y el criterio único. La identidad cultural y el hecho ecosistémico son el rostro concreto de una abstracción denominada mundialización. La posición de las etnicidades ecológicas ante la globalización plantea la necesidad de renovarlas, desafío que implica la doble tarea de recuperación y apertura a nuevas interacciones en el marco del autoreconocimiento humano en la Naturaleza (Parajuli, 1998). La creciente articulación intercultural de todas las sociedades humanas consideradas a distintas escalas, constituye un potencial de enriquecimiento asombroso de la experiencia humana en medio de la diversidad. Si se puede reformular el sentido de la sustentabilidad, ubicando el término en el contexto de nuevas y múltiples significaciones no mediatizadas por la razón instrumental, el productivismo y la lógica globalista, reconociendo los límites y modulaciones que lo cultural y lo ecológico imprimen a las relaciones entre los humanos y el mundo natural, la identidad cultural puede asumirse como un factor fundamental para el logro de la misma. La revalorización de la identidad cultural para este propósito supone el reconocimiento de los regionalismos y minorías étnicas, el rescate de costumbres y de una cierta espiritualidad asociada a hábitos de convivencia con la Naturaleza. En condiciones de continuidad cultural y ecológica, esto debe proyectarse en concreciones que expresen principios de regeneración ambiental, solidaridad, interdependencia creativa entre las sociedades y entre éstas y los ecosistemas y, en última instancia, una existencia humana más plena y feliz. IDENTIDAD CULTURALII5. Acerca del problema de los sustratos de la identidad...
Decimos que en una misma unidad confluyen diversas identidades. Así, en un mismo individuo confluyen, dialécticamente, diversas identidades, y en una misma cultura confluyen diversas identidades. Ahora bien, cabe suscitar la cuestión relativa al ¨radio¨ de estas identidades. Una cuestión que implica la consideración de la posibilidad de que muchos de los cursos, de los procesos que conducen hacia un ¨esquema de identidad¨ estén incardinados con cursos que conducen hacia otros esquemas, bien porque estos estén asociados a identidades de mayor radio (porque sus relaciones paramétricas sean más ¨extensas¨ o porque sean más ¨intensas¨) que las ¨incluyen¨, o las ¨integran¨..., bien porque los esquemas de partida no se entiendan al margen de su contraposición con otros esquemas de su entorno, con alguno de ellos en particular (y es preciso entender que las relaciones de contraposición de unos esquemas respecto a otros no tienen porqué darse a nivel de identidades de menor radio). ¨Identidad no idéntica¨ parece, así, no sólo hacer referencia a la circunstancia de la variabilidad de las identidades en sus fases de desarrollo, sino también a la circunstancia de la ¨sustratificación¨ de las identidades. Este es un marco conceptual que permite el tratamiento de las denominadas ¨subculturas¨, así como de las ¨identidades de grupo¨, de clase, de género... en tanto estos conceptos parecen remitirse, si bien con intenciones críticas, hacia otros conceptos pretendidamente más ¨abarcadores¨, como ¨cultura¨, ¨identidad nacional¨... Es así como se plantean problemas clásicos como el de la conformación de una ¨clase obrera a escala planetaria¨, así: ¿ la ¨identidad¨ de la clase obrera (la, en términos clásicos, ¨conciencia para sí¨ de la clase obrera) se da ¨por encima¨ o ¨por debajo¨ de las denominadas ¨identidades nacionales¨? y, análogamente, ¿ la ¨identidad¨ de una región determinada se da ¨por encima¨ o ¨por debajo¨ de la ¨identidad¨ de un Estado Nación ? La respuesta a estas cuestiones, y otras similares, vendrá dada según el radio que se asocien a esta diversidad de identidades, pues, ¨por encima¨ o ¨por debajo¨ remiten a la circunstancia según la cual un mayor o menor radio puede coincidir o no coincidir con respecto a identidades incluyentes e incluidas. Posteriormente expondremos estos conceptos de identidad.
En esta sección pretendemos la consideración histórica del concepto de ¨identidad cultural¨, porque las temáticas asociadas a esta expresión no son ¨eternas¨, sino que tienen una razón histórica. Para ello expondremos la Ley del desarrollo inverso de las esferas y las categorías culturales, enunciada por el profesor Bueno. Posteriormente consideraremos esta ley en el marco del desarrollo de los sistemas histórico sociales, tal como lo entiende I. Wallerstein. Sólo advertir que, si en lo expuesto desarrollamos, con el peligro de faltar a la verdadera intención de los conceptos, el análisis de Bueno, ahora se suma el doble peligro que comporta una interpretación propia, en lo referente a la analogía con la obra de otro autor.
A. La ley de desarrollo inverso de las esferasa y las categorías culturales...
1. Hemos considerado el concepto de Tylor, en su definición estipulativa del término ¨Cultura¨, ateniéndonos a un modelo lógico material, la Teoría Holótica asociada al Materialismo Filosófico. Este modelo, respecto al cual caracterizábamos el tratamiento científico de la Cultura, incorpora también un tratamiento histórico, una concepción relativa a la dinámica de las culturas. Así, puesto que los momentos atributivos y distributivos de la Cultura no son indisociables, ocurre que es preciso tener en cuenta la dialéctica según la cual unas partes atributivas determinadas tienden a establecer sus rasgos (distributivos) como rasgos universales, presentes en todas las esferas de su entorno, hasta el punto de que, en el límite, estas esferas pueden llegar a desintegrarse como tales esferas, convirtiéndose en meras reliquias, o en ¨modos de cultura¨. A nivel epistemológico esta dialéctica podría comportar el problema del estatuto correspondiente a la Antropología Cultural, por cuanto ésta podría convertirse en Antropología Social, adscrita al terreno de la Sociología, más que al de la Antropología. Tal situación histórico-dialéctica parece ser analizable desde el concepto de ¨sistema histórico social¨, por cuanto este concepto permite dar cuenta, no sólo de la inestabilidad interna de las esferas culturales, sino también de las reacciones estabilizadoras que comporta el concepto de identidad cuando tiene una pretensión sustancialista que tiende a borrar la diferenciación entre ¨identidad¨ e ¨igualdad¨, así como la diferenciación entre ¨identidad¨ y ¨unidad¨; una concepción que pretende ontologizar la ¨identidad analítica¨ como primitiva, así como los mecanismos de reflexivización como mecanismos primitivos, al margen de la lógica derivada de la reflexividad respecto a la simetría y la transitividad.
2. El modelo sobre el cual se apoya la Ley de desarrollo inverso no parte de las culturas homínidas, sino de las culturas humanas ya constituidas. Como criterio de hominización se toma la ¨normalización¨ (entendemos por ¨norma¨ una rutina que ha salido victoriosa respecto a otras rutinas) de las pautas culturales: dada especialmente en el Lenguaje Fonético, y en la representación de estadios sociales anteriores.
En el ¨estadio inicial¨ de la dinámica cultural (de la dinámica de las culturas) nos encontraríamos ante una distribución discreta de las esferas culturales, adscritas a zonas habitables e independientes (teóricamente) entre sí. ¨Cultura¨ designa aquí a un concepto fundamentalmente ¨ecológico¨. Concepto este (especialmente adaptado al concepto de cultura que maneja Harris) que pierde su fuerza cuando las esferas culturales comienzan a enfrentarse no ya con su medio, sino con otras esferas culturales reguladas por normas incompatibles, como es el caso de las sociedades industriales universales.
Las esferas culturales en este Estadio Inicial son fácilmente conceptualizables como ¨sistemas en equilibrio dinámico con su entorno¨, y, respecto a ellas resulta pertinente la metodología del funcionalismo. ¨Cultura¨, en este estadio, expresa una totalidad (de rasgos) resultante de confluencias heterogéneas en un sistema de procesos objetivos generados por las operaciones de los sujetos humanos. Designa así a una ¨entidad ideográfica¨, y a procesos de relativa invarianza de la ideosincrasia cultural.
Entendemos que la dinámica cultural brota del enfrentamiento entre culturas, quizá impulsado por razones de incremento demográfico (cada cultura tiene una capacidad respecto a los individuos que la contienen, cuando esta capacidad es sobrepasada comienzan procesos de ¨colonización¨ del entorno, en el cual figuran otras culturas. Aristóteles ya asoció este factor a la expansión griega por el Mediterráneo y el Egeo). Al igual que el desarrollo de las estructuras zoológicas, por su parte, el desarrollo de las estructuras culturales es multilineal. La dinámica cultural más interesante es, a nuestro entender, la dinámica histórica, cuando las esferas culturales alcanzan la constitución de Estados (en un sentido amplio del término, más allá del concepto de Estado Nacional, o de Nación canónica); una dinámica que arrojará también la conformación de determinadas esferas como ¨sistemas imperio¨. En el proceso histórico aumenta el tamaño de las esferas culturales (de algunas de ellas) y disminuye su número.
En el ¨interior¨ de cada esfera cultural la dinámica básica se hace residir en la siguiente: una creciente división del trabajo conlleva un incremento de la producción básica, y una mayor diferenciación en los procesos de circulación de los productos. Se llega así a un incremento de los ¨productos objetivos¨ extrasomáticos (y así un aumento de la proporción de la cultura extrasomática) que causan que las redes de intercambio adquieren mayor relevancia, así como más alejados de su génesis en los procesos básicos de producción. Asistimos así a un ¨proceso de objetivación¨ (y con esta concepción incorporamos los procesos que Marx denominó como ¨fetichismo de la mercancía¨) surgido en el mismo proceso de producción de objetos, los cuales pasarán a organizarse cada vez más, según líneas objetivas (¨por encima de la voluntad de los sujetos operatorios¨, hasta el punto en que el propio sujeto pasa a tener, por así decir, la estructura de una ¨máquina¨, y, así, de los propios objetos que generó). De este modo, si en los estadios iniciales los procesos de producción incorporan en las estructuras resultantes, manifiestamente, a las operaciones humanas, a medida que se desarrollan los artefactos y se hacen más complejos, los productos cobran una autonomía cada vez mayor respecto a las operaciones que los asisten. Tal es la situación de los procesos automáticos que, en el límite borran las operaciones en cuanto operaciones humanas, pero también de aquellos procesos que en Sociología del Trabajo se denominan ¨fordismo¨ y ¨toyotismo¨, por cuanto en estos procesos, en estos modelos de organización laboral, las operaciones quedaron totalmente normalizadas y homogeneizadas, haciendo que los saberes que a ellas van asociadas (saberes artesanales) no sean pertinentes en la producción del objeto.
Este proceso de objetivación, de génesis de una cultura extrasomática cada vez más alejada, e incluso cada vez en mayor confrontación, con las otras partes de la Cultura, hasta el punto en que invierte sus relaciones genéticas convirtiendo a los productos en organizadores de las relaciones sociales, comporta una doble disociación: una disociación respecto a las operaciones que la generan (disociación que está a la base de las categorías culturales actuales) ; y una disociación mutua de las categorías sustantivas que empiezan a disociarse a su vez respecto a las esferas en cuyo seno nacen. El límite de esta disociación está en el Estadio Final, en la unidad planetaria generada con el colonialismo y el imperialismo modernos. ¨Unidad¨ que implica: la transformación de las clase distributiva de las culturas en una clase con el formato de clase unitaria, y, la disociación de las líneas divisivas del todo complejo en círculos categoriales desconectados entre sí (hasta el punto en el que los rasgos culturales parecen adquirir conexión por encima de las diferentes esferas). En este contexto dialéctico cobra su sentido la Ley de desarrrollo inverso de las esferas y las categorías culturales, que dice así: ¨la Cultura, en cuanto Todo complejo que reúne a todas las culturas humanas, tomada en su estado inicial (ya humano) evoluciona de suerte que el grado de distribución (dispersivo) de las esferas culturales disminuye en proporción inversa al incremento del grado de atribución (disociativa) constitutivo de sus categorías¨.
3. En tal situación, ¿qué estatuto cabe atribuir a las ¨identidades¨? Dejaremos el análisis detallado de esta circunstancia para otra ocasión. De momento sólo expondremos una tipología de las ¨identidades¨ respecto a los ¨radios¨ de los esquemas a los que van asociadas. Esquemas que se constituyen respecto a los rasgos y categorías culturales.
Tomemos la unidad fenoménica de los rasgos culturales (P) en tanto esta unidad puede formar parte, tomarse como parte, de otras unidades asociadas a esferas culturales de mayor radio (y, en el límite estas esferas pudieran desdibujarse como tales, perder así su posesión de ¨radio¨, convertirse, por así decir, en ¨universo de discurso¨). P es susceptible de tratarse como:
1) Totalidad distributiva . Y, a su vez ésta puede entenderse como:1.1) parte de otra totalidad. Así:
1.1.1) P como parte atributiva de otra Totalidad.
Hablaremos entonces de Identidad Inserta en otras. La identidad del Todo de referencia (P) se logra cuando sus partes se conectan por la mediación de las conexiones entre las partes del Todo envolvente.
1.1.2) P como parte distributiva de otra Totalidad.
Hablaremos aquí de Identidad Incluida en otras. La conexión entre las partes de P se logra con independencia de la conexión entre las partes del Todo incluyente, aunque mantenga relaciones con ellas, por cuanto las conexiones de éste son de mayor radio que las conexiones establecidas en P.
1.2) P se entiende como un todo.
Se hablará aquí de Identidad Incluyente. La identidad de P es considerada aisladamente.
2) Totalidad atributiva. Y, a su vez ésta puede entenderse como:
2.1) parte de otra totalidad. Así:
2.1.1) como parte integral de una totalidad atributiva que la envuelve.
Hablaremos de Identidad integrada. Los elementos de P se identifican como elementos de la totalidad envolvente.
2.1.2) como parte de una totalidad distributiva envolvente.
Hablaremos de Identidad subsuntiva. La identidad de P se dará mediante la diferenciación respecto de otras totalidades tomadas como partes de una totalidad envolvente.
2.2) como totalidad respecto a sus partes integrantes. Así:
2.2.1) Identidades orgánicas, en las cuales las partes son conformadas desde otras partes de la totalidad.
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